Seguro hemos escuchado hablar de la existencia de dos grupos de personas: los que actúan para que
las cosas sucedan y los que se sientan a esperar que sucedan las cosas para actuar. Es decir, personas
que son proactivas o reactivas.
Pero ser proactivo no significa tener un comportamiento impulsivo, eléctrico, super rápido, tampoco
tener la agenda cargada de tareas cayendo en el activismo o la hiperactividad. La proactividad es una
actitud de control activo que nos lleva a anticipar los hechos, a asumir responsabilidad por las
consecuencias y a estar listos para decidir ante cualquier circunstancia.
Para que este comportamiento sea posible, supone que hayamos realizado un trabajo interior previo
en el que establecimos la escala de valores que regirán nuestras decisiones y marcarán nuestra
reacción ante determinados eventos y estímulos. De manera que no nos movemos por la presión
del medio o tomamos decisiones por las expectativas establecidas por otros, más bien realizamos un
análisis rápido de la situación evaluando las circunstancias a favor y en contra e inclinándonos por la
situación más conveniente y efectiva.
La proactividad es un concepto de psicología del trabajo y de las organizaciones definido como la
actitud en la que el sujeto u organización asume el pleno control de su conducta de modo activo, lo
que implica la toma de iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar
mejoras, haciendo prevalecer la libertad de elección sobre las circunstancias del contexto.
El concepto proactividad lo podemos encontrarlo desde la época de Aristóteles: “El hombre más
poderoso es aquel que es totalmente dueño de sí mismo”, (Aristóteles, 384-322 a.C.). Pero es Viktor Frankl,
neurólogo y psiquiatra austriaco que sobrevivió a los campos de concentración nazis, quien utiliza el
término en su libro “El hombre en busca de sentido” (1946).
Luego Stephen R. Covey presentará la proactividad como el primer hábito, en su libro “Los 7 hábitos
de la gente altamente efectiva” (1989).
Como señalamos al inicio de esta reflexión nos encontramos con dos tipos de personas y por lo
tanto dos tipos de trabajadores: los reactivos y los proactivos.
¿Cuáles acciones debo asumir para tener hábitos proactivos en el trabajo?
Utilice un lenguaje proactivo en todas sus interacciones
Asuma la responsabilidad para cumplir metas y objetivos.
Sea flexible y abierto a los cambios que puedan presentarse.
Ponga pasión a cada proyecto que asuma
Actúe con libertad y creatividad en la toma de decisiones